Esta nueva entrega de la saga protagonizada por Ginés Pintado nos introduce en una historia de venganza y corrupción. Elena Carrión –la particular Moriarty de Ginés- hace de nuevo irrupción en escena para desquitarse de su obligada salida de escena en la novela anterior.
Pintado persigue el rastro de su ex mujer desaparecida en Buenos Aires, por Argentina, Bolivia y Perú. Lo inesperado se hace presente cuando la Organización que dirige el magnate Ricardo Sanmartín le obliga a planear un atentado contra un viejo amigo y colega, ahora Ministro del Gobierno argentino.
Una trama ambientada en la Latinoamérica gobernada por las grandes fortunas en la que dos siglos después las familias patricias que protagonizaron la independencia de la metrópolis siguen ostentando el poder. Ahora no sólo ejercen el dominio político y económico, más allá de la corrupción, son los señores del tráfico de drogas y la trata de blancas, con las que se complementan los ingresos de las corporaciones familiares.
La sombra del Cisne Negro es una historia donde la maldad destila la suficiencia del poder y donde la razón no es arma bastante para limitar el daño que aquella produce. Una historia en la que el amor ha dejado su sitio a la soledad permanente del héroe.
Un par de días después Mas se ha desinflado
como un desangelado soufflé, Podemos ha firmado la crónica de un fracaso deseado
–y sensato- y el resto de fuerzas políticas andan haciendo cábalas de como
formar gobierno, y patatín y patatán.
Desde la distancia no puede dejar de
alegrarme porque el día después no haya sido un despertar comatoso y porque
alguna voz sensata habla de ponerse a trabajar juntos… Menos mal.
Sólo me queda felicitar a los catalanes
sensatos por su ejercicio de sentido común que el resto de ciudadanos del
Estado España agradecemos profundamente. Hasta yo que nací en el emirato
independiente de Cantarranas allá en el profundo sur soberanista… Jajaja.
Ayer de nuevo me encontré con Pintado. Me
preguntó por la novela, -cómo avanza, -dijo lacónicamente, mientras apuraba de
un trago el whisky que le había servido Alfonso, el barman de la
barra de La Sibila, y pedía otro con un seco gesto de muñeca y el vaso vacío en
la mano.
Pintado parecía perdido allí y no dejaba de
mirar hacia un sofá chester que había en el interior del local. Sus ojos tienen
ahora una mirada más intensa que cuando lo conocí y su rostro es más terrible, la
cicatriz se destaca pálida en la piel curtida por el sol y el aire marino. -Busca
algo, o a alguien, -pensé. Y se lo pregunté.
No dijo nada al principio, sólo me miró, dio otro
trago largo al Macallan y sólo después susurró algo así como que había estado
allí con La Rusa… Imaginé la escena del Dry Martini, en aquel escenario que
sólo meses atrás me hubiera parecido imposible para Pintado, pero que ahora es
el decorado ideal de sus encuentros con La Rusa, a la que algún día deberé de
poner nombre porque se ha instalado en la vida de mi amigo. No me dijo mucho
más, no hizo falta, lo llevaba escrito en los ojos…
Miré alrededor y traté de imaginar qué mujer
era capaz de transformar así un ser como Pintado…
Entraron de la mano, ella no le había
permitido que le ofreciera el brazo, y todas las miradas masculinas se
voltearon hacia ellos como atraídos por un imán. Pintado presentía que eso iba
a ocurrir, a fin de cuentas él habría hecho lo mismo en esas circunstancias,
pero se sintió molesto igualmente, ella era el objeto del deseo común y no le
gustaba. La chica que recibía en la entrada le pidió el nombre y un teléfono,
le dio el primero que se le vino a la mente. Atravesaron la pieza que ocupaba
la barra y se dirigieron hacia un sofá
chester ubicado en la pieza continua. La Rusa había tomado la iniciativa y no
dejaba lugar a vacilaciones. Pintado la ayudó a acomodarse y le tendió la mano
mientras ella se sentaba cuidando que sólo una fracción pertinente de piernas
quedaran al descubierto.
Encargaron los tragos, mientras esperaban
una legión de varones curiosos se hizo presente desfilando por delante de la
zona en una cadencia lenta y cansina, como vagones de un tren de mercancías. La
Rusa apenas apartaba la mirada de Pintado, pero él sabía que ella no perdía un
solo detalle de la situación, él la tomó de las manos y sin darle tiempo a
protestar la besó en los labios con todas las ganas que llevaba dentro desde
que la había recogido esa noche a la puerta del hotel…
De golpe volví a la realidad cuando Alfonso
me preguntó si llenaba de nuevo mi vaso. Pintado había desaparecido como por
arte de magia, tan ensimismado estaba imaginándome la escena que ni cuenta me di.
Pregunté por mi amigo y el barman me señaló la puerta con un golpe de su
barbilla mientras secaba un vaso de una forma inequívocamente profesional. El sofá
chester seguía vacío al fondo y ahora lo miré con envidia. Pagué y me fui. Fuera
la noche era cálida, los sapitos inundaban el aire con su sonido agudo y
persistente. Salvo por los guardias de seguridad no había un alma. Llegó mi
coche y cuando subí a él me inundó una sensación de pérdida absoluta,
probablemente la misma del piloto superviviente al posarse en la plataforma de la
nave nodriza que acoge al último caza rezagado…
Hoy es un día muy importante para España y
para los españoles de todas las Españas. Nuestra historia está salpicada de
episodios difíciles, de esos que perforan las entrañas y desgarran el corazón.
Nuestro país ha crecido entre guerras intestinas, de sucesión y dinásticas,
económicas –siempre que los griegos, fenicios, romanos, cartagineses, vándalos,
alanos, árabes –de cualquier etnia o franquicia islámica-, franchutes,
ingleses, holandeses o cualquier otro tahúr del Misisipí de turno han querido
tomar por asalto las fuentes de aprovisionamiento de nuestra tierra pobre de
familia, fronterizas –ya fuera con los hermanos portugueses (que siempre
prefirieron al inglés que al de al lado, más bajitos, mucho menos glamorosos y
un poco estúpidos al pensar que las chicas portuguesas tienen bigote y pelos en
las piernas –completamente falso, se los juro-), los franchutes (que no son muy
diferentes a nosotros, salvo por el hecho que son un poquito más altos y feos y
le pusieron mejor nombre al guiso de caracoles, a los quesos o al vino que
preparan con uvas de cepas idénticas a las de las áridas planicies peninsulares,
pero envejecen en barriles de roble mejor cuidado), o cualquier de los países que
disputaron los territorios que nosotros también disputábamos, etc, etc, y no
extiendo más el argumento histórico ni mi cultivada erudición al respecto…
En todos esos episodios España se ha ido conformando
de una u otra forma. Hoy 27S hay elecciones en Cataluña y en ellas los
catalanes llamados a las urnas –algo más de cinco millones y medio- deciden no
solo su futuro político directo sino el de España toda. Sin opinar hoy sobre lo
que me parece el señor Mas y su banda –por no tocar los huevos me refiero a sus
comilitones de partido- o sobre el impacto que la segregación de Cataluña de
España traería –personas mucho más preparadas que yo lo han hecho sobradamente-,
sí expreso mi deseo de que mañana 28S España se despierte íntegra y con la
certeza de saber que es necesario hacer reformas constitucionales importantes que
eviten un futuro sin Cataluña en el Estado. Eso es mucho mejor que la
segregación de los catalanes del resto de los españoles, ya que ellos, a fin de cuentas, son como yo, o como tú…
Como decirte en unos minutos que te querré
toda una vida… Como expresar con palabras lo que ni el alma entiende, que un
roce en el corazón es más profundo que la más feroz herida… Cómo decirte que
este mar embravecido no es sino el principio, pero que no debes temer a mi lado…
Cómo decirte ahora lo que tienes que escuchar por toda una vida… Cómo decirte
que te cuidaré por siempre y sin embargo cada encuentro es un sufrimiento… Lo
es esperar por verte, acabar y quedar sólo… Cómo decirte…
Y es que tienes miedo a volar, y sólo
saltando se aprende, sólo cayendo y sintiendo el vacío nuestro cuerpo reacciona
y emprende vuelo, y nuestra alma se agarra a lo conocido, al calor de lo
cotidiano, al pausar del ritmo que no sobrecoge… Y sin embargo mi alma anhela
cada segundo en el vacío buscando la tuya…
Como decirte en unos pocos minutos que te querré
toda una vida… que ya te quiero toda mi vida…
Como decirte que ese segundo que siento que
soy tuyo, que te sobrecoges con mis caricias y te abandonas a mis abrazos…
valen por toda una vida. Y que te quiero… No tengas miedo a volar…
Hoy toca cine. Este fin de semana he vuelto a
mis orígenes, cuatro películas por día tiene sobre mi espíritu un efecto
sedante que necesitaba desesperadamente. Cuando Pintado se instala es difícil hacerlo
a un lado, menos mal que le gusta el cine casi tanto como a mí.
El Patrón, radiografía de un crimen no es una joya del cine,
ni tan siquiera una gran obra, pero hay que reconocer en el trabajo de Sebastián
Schindel un magnífico ejercicio de respeto hacia un guión muy sólido. Joaquín Furriel interpreta a Hermógenes Saldivar
en una transformación meritoria –salvo por la utilización irregular del acento
particular de Santiago del Estero- que, a veces, consigue meternos en la piel
de un personaje arquetipo de la sumisión desesperada, de la anulación de la
personalidad de un individuo del cual nunca llegamos a saber si es bueno, malo
o qué. Luis Ziembrowski, la contraparte, hace de hijo de puta integral sin
ninguna concesión a sentimientos intermedios, su rostro –que no necesita
transformación alguna- transita la cinta monótono, sin rictus que matice la
facies, le basta el tono de sus palabras, sus ojos inexpresivos de depredador
natural. Un relato de esclavitud en estado puro.
A destacar la fotografía de Marcelo Laccarino que es capaz de transitar
espacios minúsculos sin que por ello perdamos atención por encuadres imposibles…
Y sobre todo el montaje consecuencia del cual el ritmo de la película es impecable…
Un reconocimiento al cine argentino -en este caso en coproducción con Venezuela- capaz de rodar este tipo de cintas capaces de asomarnos al submundo del Mundo Feliz, aunque lo hace de forma tímida, apenas se atreve con el interior de la carnicería, y desaprovecha la incursión en los juzgados -que trata de forma indebidamente amable-, en los barrios marginales -con ocasión de la visita del abogado a la esposa- y en el decorado exterior de la carnicería en la esquina de una calle cualquiera...
No es que Perdiendo el Norte se merezca
muchas líneas… Nacho G. Velilla firma una comedia romántica simpática, de esas
que te hacen pasar un buen rato y ya está. No es que el reparto tenga una
interpretación antológica, por mucho que la belleza a ratos candorosa, a ratos seductora, y en contados instantes arrebatadora, de Blanca
Suarez -que no acaba de creerse que por fin esté rodando películas y no series de televisión- se vea correctamente contrastada por el chico blandito de turno Yon Gonzalez, por mucho que Julián
Lopez y Javier Cámara –me encantó en La Vida Inesperada a la que le dedicaré oportunamente
un ratito- hagan de secundarios de lujo y por mucho que Pepe Sacristán
interprete un cuasi cameo en recuerdo de Vente a Alemania Pepe…
Lo realmente excepcional de esta película es
una joya que aparece al final, mientras los títulos, un bolero increíble: Berlin
Rozalen… Va por ti…
Llevo recorrida media Europa detrás de Padrón
y no he conseguido atraerlo a la trampa. Como un ratón, pensé, entraría a
morder el queso que había entre las piernas de La Rusa, aunque hay un pequeño
problema que no había previsto, me he enamorado de ella, y de resultas el ratón
soy yo…
La habitación de este hotel de Amsterdam me
resulta opresiva, estrecha, mal ventilada como una cloaca, como el canal
inmundo que puedo ver desde este ventanuco que da a una calle del barrio rojo.
Me he convertido en una puta más exponiéndose por algo de lo que ya no me
acuerdo porque ella me ha borrado todos los registros anteriores. Un reflejo
naranja titila en la esquina opuesta a la cama que ocupo. Las sabanas están
desaliñadas y siento un frío húmedo que la ropa que llevo ni calma ni merma. Me
duele la cabeza y mis pies no obedecen. Creo que he hecho mal fumando ese porro
con la hierba que me vendieron en el coffee shop de abajo. No me debí fiar de
aquel turco maloliente y barbudo, o sería sirio o quizás albano kosovar, tanto
da, he perdido la cuenta de tanto refugiado perdido por las calles, deambulando
en la compañía de otros como ellos… Aunque ahora que recuerdo el tipo hablaba
un español perfecto, igual sería de Almería, yo que sé, tanto da…
Una semilla de idea se ancla a mi cerebro y
el naranja cambia a un azul celeste flojito, como si las luces de fuera quisieran
expulsar las miasmas tenebrosas de esta habitación vacía sin ella... No soy
capaz de concretar, sólo soy capaz de ver colores que se me escapan como agua
entre los dedos…
Me desperté con el indefinible sabor de ella
en mis papilas, con su aroma en la pituitaria, como si se hubiera fundido en el
aire que respiro y penetrado cada partícula de mi ser. No había poesía en esa sensación, iba más
allá, era total y desesperantemente absoluta, ni latir, ni respirar, ni
pulsión, formaba parte de lo elemental y primigenio, era anterior siquiera a mi
conciencia física. Me incorporé como pude y palpé mi cabeza, me dolía allá
dónde el día anterior me golpeó el gordo, la piel estaba inflamada, pero no se
había roto la epidermis, mi cuero cabelludo parecía un campo de amapolas de
acero ensartadas en mi cráneo…
Una hora después estaba bebiendo café dentro
de un antro que parecía un vagón de tercera atestado de mochileros fumados. Mi
aspecto no era mucho mejor, aunque mi edad claramente desentonaba. No tenía
dinero para otra cosa. Hasta que llegara el Andaluz no me quedaba otra.
La había llamado. Su teléfono no contestaba.
Caía la llamada al cuarto ringazo. Sólo deseaba que Padrón no la encontrara
antes que yo.
Un rayo de sol alcanzó a penetrar la maraña
humana que me antecedía. Una sensación cálida que invadió mis pupilas y entró
en mi cerebro como una estrella fugaz. Recordé el sabor de sus labios en los
que lamí la última gota de cocktail y entonces supe a lo que sabía el queso de
la trampa…
No nos conocemos tanto como creemos, a veces
para saber realmente como somos tenemos que acudir a los ojos de terceros…
Y aun así nos queda saber lo que ven ellos.
Casi nunca lo sabremos porque difícilmente se abrirán a nosotros, raramente nos
contarán lo que ven y eso contando con que se hayan hecho una composición
coherente y aplicable de nuestra realidad como humanos, la más irreal de las
realidades físicas del universo por tratarse de una quantum cambiante en la línea
temporal que marca nuestra percepción de lo que es y deja de serlo.
No es que de pronto me haya hecho filósofo.
Ayer me invitaron a cenar a casa de unos amigos y en la sobremesa, como tema de
conversación, salió la reciente ruptura sentimental de un compañero. No tenía
mucho interés en atender, yo mismo me encuentro ahora lidiando con una
situación parecida –qué barbaridad nunca una situación así es parecida a nada-.
Bastante tengo con lo mío, como para inmiscuirme en la vida de los otros. De
pronto me vi inmerso en una realidad paralela que nunca busqué, la
interpretación de los motivos de la decisión de mi amigo aliñado con las
circunstancias del desenlace –me refiero naturalmente a la información sobre la
susodicha causante del evento, como siempre prejuzgadamente perversa y malvada-.
No es que mis amigos fueran desconsiderados –no lo fueron, para todos apenas
sería una noticia del telediario, salvo por el hecho de que le afecta a alguien
próximo a quien conoces y ¿quieres?- y de la misma manera que entendí el
sentimiento de pena por la pérdida de una pareja establecida –tan bien que se
les veía juntos, era el clamor popular- me resultó sorprendente que metieran en
el ajo –a mí en particular- a quien no ha tenido nada que ver en el entuerto, y
mucho menos en las decisiones de otros, por el sólo hecho de resultar
sospechoso de compartir tiempo y situación con el afectado. Fue entonces
cuando, copa de whisky de por medio, me dio por pensar en cómo me verían ellos
a mí, algo que nunca me preocupó lo más mínimo –para decirlo educadamente, ni
un huevo- y de pronto me vi con la mirada de los otros…
Lo que vi y entendí se lo contaré a Pintado,
y quizás éste reflexione con La Rusa sobre el tema, a fin de cuentas tengo que
buscar diálogos creíbles entre ellos dos.
Que el dios bueno acoja en su seno a la
pareja perdida y otorgue sus bendiciones a la encontrada, recreando la
realidad del universo y afirmando el primer principio que aplica a todo quisqui:
nada se crea o se destruye, pero se transforma… La Mirada de los demás.
Hace unos días incluí una entrada relacionada
con la situación de los refugiados en las fronteras europeas.
La situación
continúa, evidentemente no se trata de una anécdota, estamos viviendo Historia
pura, experimentando un acontecimiento universal que pasará a los libros de
texto –o al soporte que la tecnología depara para entonces- y que nuestros descendientes
estudiarán con la misma distancia con la que nosotros estudiamos en su día la caída
del Imperio Romano a manos de los bárbaros.
Arturo Perez –Reverte hizo el pasado fin de
semana un lúcido análisis de la situación en su apartado del dominical semanal “Los godos del emperador Valente”. Demoledor por lo irrevocable de la conclusión que
comparto.
Todo tiene dos caras, todo forma parte del
equilibrio de la balanza, el precio de la libertad y de los derechos humanos,
sólo se compensa con libertad y derechos, tal es el peso de ambas cosas. El
resultado final, la Caída del Imperio…
Andaba dándole vueltas a una escena entre
Pintado y la Rusa y se me ocurrió una en la que la pareja conversaba en los
instantes previos a la cena en un elegante local acorde a la calidad de la
fémina. Imaginé un elegante hotel boutique, pequeño y acogedor, escondido a las
miradas de la multitud, discreto y exclusivo.
Lo primero era situar a la pareja en la zona
lunch, ya saben esa área previa al comedor en la que los comensales inician la
conversación, degustan un aperitivo, ordenan la cena y dependiendo de cómo
vayan las cosas inician el escarceo amoroso. Un sofá chester de color tabaco me
pareció el soporte perfecto.
Imaginé a la Rusa de mono (braga le dicen en Venezuela) con blusa abierta sobre
un bustier negro.
Pintado estrenaría camisa blanca, primero iba
a ser negra, pero lo dejé en blanca aunque sin corbata…
Y me faltaba el aperitivo. Le pregunté a la
musa inspiradora, Dry Martini, sugirió.
La elaboración del Dry Martini es fácil.
Vertemos el Martini y la ginebra en un vaso mezclador con abundante hielo,
removemos bien, y servimos filtrando con cuidado en una copa de cóctel. A
continuación, perfumamos retorciendo la piel de limón.
Para decorar una aceituna verde, sin hueso,
pero sin relleno. Dependiendo del tamaño de la copa, hay quien añade dos.
Servirlas ensartadas en un palillo cruzado en la copa.
Además de James Bond, que no sólo lo prefiere
agitado, sino que también lo pide con vodka en vez de con ginebra — lo que se
conoce como vodka Martini— algunos personajes reales, cayeron rendidos al
encanto de este cóctel. Desde Marlene Dietrich hasta Franklin D. Roosvelt, Eisenhower,
Hemingway, Frank Sinatra o Luis Buñuel.
Proporciones del DRY MARTINI:
Receta clásica: 1 parte de Martini extra
seco, 1 parte de Ginebra, 1 golpe de orange bitter, 1 twist de limón, 1
aceituna verde
Receta actual: 1 parte de Martini extra seco,
4 partes de Ginebra, 1 twist de limón, 1 aceituna verde.
Nota: Algunos expertos indican que la mejor
ginebra para un Dry Martini clásico es la Tanqueray Rangpur…
Y Pintado acabó rendido de nuevo al poder
seductor de La Rusa … Sus besos tendrán un definido sabor a ginebra suavizada por
el pálido dulzor del Martini seco. En los labios de ella, el sabor del Perfecto Dry Martini