Para mi amigo José Porras, quien se despide hoy de la Compañía en la que ha trabajado durante dieciséis años. Una de las mejores personas que he conocido, quien muchas cosas me ha enseñado y situaciones aliviado y a quien tengo el privilegio de llamar amigo... Un náufrago más de esta isla llamada Venezuela y a quien espero ver tomar de vuelta la balsa de salvación.
Si...
Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.
Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y arremangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.
Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: "¡Resistid!".
Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!
Traducido de IF de Rudyar Kipling...
SINOPSIS
Esta nueva entrega de la saga protagonizada por Ginés Pintado nos introduce en una historia de venganza y corrupción. Elena Carrión –la particular Moriarty de Ginés- hace de nuevo irrupción en escena para desquitarse de su obligada salida de escena en la novela anterior.
Pintado persigue el rastro de su ex mujer desaparecida en Buenos Aires, por Argentina, Bolivia y Perú. Lo inesperado se hace presente cuando la Organización que dirige el magnate Ricardo Sanmartín le obliga a planear un atentado contra un viejo amigo y colega, ahora Ministro del Gobierno argentino.
Una trama ambientada en la Latinoamérica gobernada por las grandes fortunas en la que dos siglos después las familias patricias que protagonizaron la independencia de la metrópolis siguen ostentando el poder. Ahora no sólo ejercen el dominio político y económico, más allá de la corrupción, son los señores del tráfico de drogas y la trata de blancas, con las que se complementan los ingresos de las corporaciones familiares.
La sombra del Cisne Negro es una historia donde la maldad destila la suficiencia del poder y donde la razón no es arma bastante para limitar el daño que aquella produce. Una historia en la que el amor ha dejado su sitio a la soledad permanente del héroe.
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miércoles, 31 de mayo de 2017
domingo, 5 de febrero de 2017
EL DIA DE LA MARMOTA BOLIVARIANA. VUELVA USTED DENTRO DE QUINCE DIAS…
Como en la película de culto de Harold Ramis “El día de la
Marmota (Atrapado en el tiempo)”, miles de venezolanos viven su particular vivencia
a la hora de renovar sus documentos de identidad. Y como Bill Murray –el protagonista-
reviven, semana tras semana, la misma escena que el periodista revive a diario en
el pueblecito de Punxstawnwey dónde acudió a cubrir la aparición del roedor Phil…
En la Venezuela de hoy resulta prácticamente imposible
renovar la cédula (carnet de identidad) o el pasaporte. Sólo recurriendo a
terceros bien relacionados, llámese funcionario del aparato del estado,
burócrata del SAIME o del Ejército, pueden obtenerse los citados documentos al
módico precio de 500 dólares al cambio, sin que ello implique seguridad alguna
de recibirlos.
Lo que cuento no es ningún chisme, le ocurre a miles de
ciudadanos y lo he sabido de primera mano, seguro que usted, si es que vive acá
puede corroborarlo. Si alguien armado de paciencia e inocente corrección
demócrata accede a una oficina del SAIME a reclamar su carnet o solicitar la
renovación del pasaporte obtiene un lacónico. “Vuelva dentro de quince días”… Y
así en repetición de un particular día de la marmota bolivariana.
Sin embargo estas semanas Maduro publicita el "Carnet de la
Patria", un documento de identidad electrónico que regulará el acceso a
alimentos y artículos de primera necesidad adquiridos en los Comités Locales de
Abastecimiento y Producción (CLAP).
El presidente de la República hizo un llamado al
fortalecimiento de los Clap como el instrumento ideal para concretar en 2017 la
recuperación de la economía: "Hay que fortalecer los Clap y el proceso de
carnetización; debe haber puntos de inscripción para el Carnet de la Patria en
todos los estados y así derribar los muros de la guerra económica y encaminarnos
a la recuperación". Maduro además insiste en la importancia de que todo el
pueblo asista al proceso de carnetización, porque "es la única forma de medir los
alcances de la revolución" y llegar hasta donde, por ahora, les ha sido
difícil concretar los cambios.
Estamos buenos, igual hasta me tengo que hacer
revolucionario para acceder a los alimentos básicos…
Y sobre todo no sean ingenuos, detrás de todo esto, el Totalitarismo, el aparato del Estado intentando frenar la sangría de venezolanos que abandonan el país porque no les queda otra, el control a ultranza, los puentes dinamitados para que nadie detrás acceda o salga de la zona de guerra... En cualquier caso un atentado contra la libertad del individuo.
Y sobre todo no sean ingenuos, detrás de todo esto, el Totalitarismo, el aparato del Estado intentando frenar la sangría de venezolanos que abandonan el país porque no les queda otra, el control a ultranza, los puentes dinamitados para que nadie detrás acceda o salga de la zona de guerra... En cualquier caso un atentado contra la libertad del individuo.
A la vista de todo esto, Señor Zapatero, ¿sigue usted siendo optimista?
sábado, 4 de febrero de 2017
QUE VERGÜENZA ZAPATERO…
El otro día en un encuentro entre directivos de empresas
españolas en Caracas, me han comentado, uno de ellos expresó con enorme disgusto
su decepción y la vergüenza que le producía como español la presencia del Sr. Rodriguez
Zapatero, el ex presidente de gobierno español, ya saben, en la mesa de diálogo
entre el Gobierno y la Oposición venezolana.
Comparto plenamente ese sentimiento y en otras entradas he
expresado mi opinión sobre este señor. Algo tendrá el agua cuando la bendicen,
pero nunca he sido y sigo sin ser capaz de ver las capacidades de Zapatero y me
cuesta trabajo entender lo que hay en esa mente que intento escrutar más allá
de esa mirada entre bovina y canina que parece el fruto de un imposible cruce
entre charolés y san bernardo.
Desde acá solo recibo comentarios de amigos y conocidos
poniéndome de vuelta y media al interfecto, pero si se analiza lo que ocurre no
queda otra salida. Veamos.
He buscado la últimas noticias sobre JLRZ: “Zapatero: Soy
optimista sobre un futuro en paz y convivencia en Venezuela” dice el titular de
El Nacional del 1 de febrero. Le doy vueltas y vueltas a la afirmación del
prohombre y sigo leyendo: “el afán por la convivencia exige lucha por la
convivencia, intentar generar confianza y mucho respeto”. Ahí le ha pegado,
pienso, coño, va orientado. “Hay mucho antagonismo en Venezuela, pero nosotros
la Unasur con los acompañantes estamos en un empeño decidido a que la senda de
Venezuela no sea la de la confrontación, una confrontación que sería muy grave,
sino que sea la senda del entendimiento”…
El periodista resume: Rodríguez Zapatero aseguró en su
discurso -tras recibir la distinción (Doctor Honoris Causa por la Universidad
Autónoma de Santo Domingo), Diosss¡¡¡- que mantiene una “visión positiva de la
acción política” y que su “optimismo permanece y que incluso está optimista
sobre el futuro en paz, en progreso y convivencia en Venezuela, tarea a la que
ahora estoy muy empeñado”.
Este optimista, tonto hasta decir basta, estúpido –en sentido
literal- no se ha dado un paseo por las calles de Caracas ni de cualquier ciudad
o pueblo venezolano, no ha hecho una cola, o no ha sufrido en carnes propias la
necesidad de un medicamento desaparecido de los anaqueles de las farmacias.
Este, que no es más tonto porque no practica, no ha sentido ese pellizco en las
entrañas cuando te acercas en tu coche, en cualquier carretera, a cualquier
hora, a una alcabala y ves ese fusil en manos de un imberbe de la Guardia, o de
las CONAS (Comando Nacional Antiextorsión y secuestro), o de cualquier policía
que apenas sabe leer y no tiene ni para comer pero porta una Glock 17 al cinto
con todos sus cartuchos rellenando el cargador…
Semejante estulticia nunca debe ser interpretada como un
gesto de buena voluntad en pro de la paz, no he comentado la intervención del
Vaticano, que también me parece un desacierto desde el momento en que da alas a
un gobierno que no demuestra respetar los derechos humanos, a las pruebas me
remito, ni ofrecer gestos visibles en pos del diálogo sincero y transparente
entre las partes: ¿como interpretar si no el acoso al Parlamento o la ausencia
de respeto a lo que dicta la carta magna en lo relativo a las elecciones y el
revocatorio del Presidente de la República?. Cada vez que Zapatero aterriza en
Maiquetía lo interpreto como una grave amenaza para el futuro de los venezolanos
y demanda una actuación decidida del gobierno español que no debe apoyar la
presencia en zona de guerra de este indocumentado por la paz…
Y lo peor es que hay venezolanos que nos juzgan y califican por individuos como este... Qué Vergüenza Zapatero.
Qué maravilla esta Nicki Parrot...
miércoles, 1 de febrero de 2017
LA MALETA DEL SEÑOR ANTONIO. CIENTO DIEZ AÑOS A SUS ESPALDAS.
Quien escribe, o lo intenta, conoce bien esa sensación de caminar
al borde del precipicio, la ansiedad por plasmar lo que revolotea dentro de tu
cabeza, esquivo a veces, espeso otras.
Llevo esa sensación a flor de piel desde hace días. Necesito
compartir lo que llevo dentro, contar historias, plasmar a brochazos gordos lo
que la vida me deja. Y no es cuestión de
conversación franca con la pareja o con el amigo de turno, al menos no solo de
eso. Es tirar el bote de pintura sobre el lienzo enorme en el suelo y pisar
sobre el rastro viscoso que se extiende erráticamente sobre la superficie
horizontal.
Debe ser eso que antes llamaban musa, inspiración, se hace
esquiva la condená… No me importa ser ñoño a veces, compensa la brutalidad con
la que se materializan otras las ganas de escribir. Por eso la poesía infumable
de Galdón, o el diálogo interminable con Pintado frente a una imaginaria copa
de efectos no tan imaginarios.
En cualquier caso ya conozco el remedio, es cuestión de
empezar.
Necesito contar lo que está pasando en este país dónde vivo
desde hace algunos años y comparto con otros seres humanos a los que la
realidad de este trágico comunismo caribeño de opereta, pero tan implacable y
letal como todo totalitarismo que se precie, no vayamos a confundirnos, les
está haciendo vivir en propias carnes la historia que los millones de europeos
del este vivieron hasta la caída del muro, o los cubanos, queridos vecinos
lejanos y esperpénticos, viven todavía a pesar de la desaparición del sátrapa Fidel,
o lo que algunos españolitos descerebrados pretenden a tenor de su amor por las
ideas de Iglesias y Errejón –ya veremos en lo que acaba su matrimonio a punto
de disolución-.
Llevo semanas lamentando no levantar mi pluma –nadie ha
dicho que sea buena, por si acaso a alguno se le curva el labio en un rictus de
sarcasmo- contra el opresor, para cuando menos expresar mi repulsión por lo que
sucede y dejar claro lo que pienso de todo esto. Hay ya demasiada gente que me
importa involucrada en este fangal que es ahora Venezuela, y lo llamo así
porque la vida acá es la de una charca infectada de caimanes que pelean y
depredan a todo bicho que se mueva por encima, sobre y debajo de la superficie
putrefacta.
Este país se ha convertido en un espacio donde medran los
incapaces, progresan los radicales, sobreviven los delincuentes, asesinan los
sicarios y las bandas que secuestran y extorsionan, se corrompe una juventud
cada vez más carente de los valores tradicionales de la familia. Este país que
alguna vez fue llamado joya del caribe, que estaba llamada a ser el faro de
progreso de Latinoamérica, el hogar de acogida de millones de inmigrantes
españoles (que aquí los canarios, vascos, gallegos, andaluces, extremeños,
catalanes, o linarenses , son sólo eso, putos españoles), italianos, portugueses,
sirios, libaneses, cualquiera que
procediera de países en dificultades, cualquiera que estuviera dispuesto a
compartir la vida del criollo y a trabajar duro para dignificarla tenían cabida.
En este país todos esos incapaces han empobrecido la charca, la han depredado,
agotado los recursos haciéndolos inviables. Mientras estos mismos se han enriquecido
a costa de los demás, robando a manos llenas, corrompiendo un sistema político
de instituciones débiles, manipulando la historia de lo cotidiano, empequeñeciendo
la Historia de quienes fundaron la República, antes y después de la
independencia, traficando con alimentos, mercancías, drogas, promoviendo una
sociedad en la que el espíritu se ha vuelto anécdota y folclore, el arte
futilidad inútil, la belleza consumo y la inteligencia aplicada un ejercicio estéril
y peligroso…
Traspasé la malla de alambre que separaba el rastrillo de la
acera y entré a preguntar. Un viejito, el señor Antonio, por encima de los
setenta, delgado y fibroso, cabello blanco y despeinado, sonrisa irónica, hijo
de vasca y venezolano y nieto de emigrantes españoles, me atendió: Mire usted
estoy vendiendo lo que me queda, mis hijos ya se han ido, mi mujer ya marchó –lo
dijo con brillo en los ojos-, esta maleta era de mis abuelos, la trajeron de
allá… ¿Le gusta? La miré y la llevé conmigo, ahora reposa en una esquina de mi
casa junto a otros huérfanos que recogí. Ahora ella también, algún día,
regresará…
Alberto Cortez, en recuerdo a mi padre a quien tanto gustaba
esta canción.
lunes, 26 de diciembre de 2016
MÁS DE CUATROCIENTOS DÍAS PARA VIVIR SIN MORIR EN EL INTENTO. CALMA
Es cuanto hacía que no me asomaba al mundo por esta ventana
tan particular. Todo ese tiempo lo he pasado vagando sin rumbo fijo, dando
bordadas erráticas, aferrándome al cabo de vida sin demasiadas ganas de
hacerlo. Ha sido una travesía complicada de la que salgo vivo por los pelos…
La Rusa ha sido un personaje difícil de digerir, no me costó crearlo,
me la encontré porque decidí jugarme todo a su número. Ha sido una experiencia difícil
de calificar: transformadora, sorprendente, intensa, cautivadora, cáustica, decepcionante,
provocadora, estimulante, agotadora… Irrepetible en cualquier caso. La Rusa se
ha llevado con ella parte de Pintado. Afortunadamente.
Con ella al lado apuré la poesía que me llegaba a raudales mientras
buscaba su cercanía y tanta ilusión imaginada tras su sombra. Como única recompensa
alcancé la desesperación absoluta tan pronto me cercioré de que a su lado mi
cotidianidad era imposible. No le echo la culpa. ¿Cómo podría? Lo que sucedió tuvo
su parte de error: un error -mio, sólo mio- que, como todos, sólo lo es cuando adquiere la naturaleza
pasada, que mientras es presente llamamos amor, deseo, pasión, todo al mismo
tiempo. También su porción de acierto: Recuperé para el futuro partes de mí que
se habían perdido en el camino. Y de paso a mis hijos.
Ahora que pusimos lejanía, tiempo y espacio a partes casi
iguales, es hora de recuperar parte de lo perdido y de invertir lo ganado, que
de todo hubo. También le doy las gracias.
Como un náufrago que pisa la playa tras la tormenta he
recuperado el tacto de la arena bajo mis pies y he dejado que la mirada larga
se pose allí donde el carmesí de la puesta de sol se pierde. De nuevo la brisa
acaricia mi rostro y mis ojos se humedecen por una nueva oportunidad de vivir
sin morir en el intento.
Calma...
lunes, 2 de noviembre de 2015
A 15.000 PIES DE ALTURA SOBRE EL MAR CARIBE
Aunque
la mañana es cálida la brisa que sopla desde Occidente alivia el ambiente, lo suficiente para tener una agradable
sensación de frescura. Los petroleros, cuyas proas enfilan la bahía en
dirección al Morro, salpican de rojo y blanco el inmenso panorama turquesa sin
iluminar todavía que tengo por delante. Miro el mar en la lejanía y no olvido
las palabras que Pintado me dijo ayer: “Toqué la punta de su nariz, como si lo
hubiera hecho toda la vida, como si aquel detalle de familiaridad fuera
suficiente para granjearme la confianza que ella no acaba de concederme”.
Acabo
de abordar el aparato, un Jetstream 3100 de 19 plazas, que despega rumbo a Caracas
con cuatro compañeros y la tripulación. Abajo queda la bahía y sus
petroleros salpicados, Puerto La Cruz, Barcelona, Lechería, Guaraguao y Jose con sus
cielos de amanecida incendiados todavía por las antorchas de los mejoradores…
Ya surco
el cielo, Pintado se quedó en la costa, algo anda haciendo por la zona de Santa
Fe, me ha comentado que debido al tal Padrón. Es fácil esconder los fardos de mercancía
en cualquiera de las ensenadas desiertas que hay en el Parque Mochima, si
cuentas con la complicidad de los pescadores, los únicos que transitan a diario
los kilómetros de costa que hay entre Puerto La Cruz y Cumaná, o de las pocas embarcaciones
operativas de la guardia costera bolivariana.
Le sigo
dando vueltas a sus palabras. Estoy seguro que me las ha dicho por La Rusa. No
me ha contado mucho, lo que pasa entre ellos queda entre ellos, ni siquiera sé
si ocurrió entre sábanas o frente a una mesa mientras comían, cenaban o tomaban
una copa –los dos son de momentos íntimos-.
Le
pregunté, pero nada me aclaró. Debo imaginar la escena. Quizás ella se sintió
sorprendida, quizás un deja vu, la ternura paterna para con una niña ya de
entrada independiente, muy segura de ella misma, muy insegura de los demás… No
puedo imaginarme a La Rusa de niña, como tampoco a Pintado de niño. Hay
personas que nunca tienen infancia, quizás porque su madurez es tan
omnipresente que no somos capaces de imaginar cómo se construyeron esas
personalidades en el tiempo. Y el origen del camino no es ajeno al destino en
que nos los encontramos.
El
ruido de los motores es el dueño en la cabina, traquetean, se esfuerzan por
girar a la velocidad necesaria para mantener este panzudo de alas cortas en el
aire…
Imagino
el tacto de la punta de la nariz de La Rusa entre los toscos dedos de Pintado,
un leve roce, el giro de la cara, el estremecimiento del cuerpo de ella y los
ojos de los dos enredándose al mismo tiempo, la resistencia al principio, la
leve sonrisa de ella que al esbozarse le da a Pintado el derecho de acariciarle
la cara con dulzura. El silencio de los amantes que buscan construir lo
cotidiano con detalles…
Y
mientras pienso en ellos, sin cotidianidad y sin detalles, las nubes se
deslizan perezosas y silentes junto a la ventanilla, a 15.000 pies de altura
sobre el Mar Caribe…
viernes, 11 de septiembre de 2015
OCLOCRACIA. EL PERVERSO GOBIERNO DE LA MUCHEDUMBRE
La oclocracia consiste en términos llanos en
llamar a la revuelta urbana por parte de la clase política, lo cual es
indudablemente una perversión de la democracia para manipular el normal desempeño del gobierno por medio de la
presión de las muchedumbres en la calle.
La llamada democracia “participativa” -como lo denomina Podemos en España-, mezcla
de manifestaciones y escraches callejeros, de malversación torticera de los
poderes públicos teóricamente independientes –el poder judicial entre otros- y
de habilidosa utilización de las redes sociales y los medios de comunicación -imaginénse que ocurre cuando ni tan siquiera existe la prensa libre-, como
propugnan los políticos populistas en general, es el primer y más peligroso
paso para acabar con la democracia real, la que, como decía Churchill, mejor
garantiza la libertad, que ése sí que es el bien político supremo –como dice
Esperanza Aguirre, inspiradora de este post-. Pero todavía resulta mayor perversión cuando la oclocracia la ejerce el gobierno establecido lo cual viene a significar la perversión de la perversión.
Ayer Jueves condenaron a Leopoldo Lopez. La
jueza Susana Barreiros, dictó la sentencia: 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas
de prisión para el coordinador de Voluntad Popular, Leopoldo López. El sitio de
reclusión será la cárcel militar de Ramo Verde.
Sin palabras…
miércoles, 9 de septiembre de 2015
TIEMPO DE VALIENTES
Hoy toca rendir homenaje a mi amigo Carlos Guerrero.
Tiempo de valientes es el título de una magnífica película argentina, una historia que narra en clave de comedia la alquimia de los perdedores cuando se enfrentan a situaciones extremas y estos se transforman.
Tiempo de valientes es el título de una magnífica película argentina, una historia que narra en clave de comedia la alquimia de los perdedores cuando se enfrentan a situaciones extremas y estos se transforman.
Carlos es un Don Quijote ecuatoriano, un hidalgo de otra
época. Carlos no es ni Diego Peretti ni Luis Luque,
no es un psicoanalista maniático ni está traumatizado por ninguna traición conyugal,
Carlos es un ingeniero de campo, un soldado disciplinado, un hombre con mayúsculas, que cuando llegó el
momento de la verdad alzó lentamente la cabeza y con mirada muy tranquila
respondió con seguridad a una pregunta realizada por un comisario del servicio
de inteligencia, asumiendo la responsabilidad indefinida del cargo, que es la
más difícil de asumir -digánselo a la clase política-.
Carlos es un tipo alto y delgado, de aire
pacífico y andar tranquilo. Nacido en Guayaquil y criado en Quito, nos conocimos
hace algo más de tres años y me cayó simpático desde el primer momento que nos
tropezamos. Conversador incansable, hemos tenido ocasión de compartir sobremesa
que siempre ha resultado en tertulia apacible mientras ventilábamos
una copa, y mirábamos al futuro, antes que al pasado. No le queda mucho pelo y
su sonrisa es la de un chico travieso, pero su mirada, lo ha demostrado con
creces, es la de un hombre de los de antes. Es educado y de modales amables y
pausados, una persona de metal noble, de brillos de cobre viejo, como adquirido
trescientos años atrás…
Como al que nació para martillo, del cielo le
caen los clavos, a Carlos le cayeron de golpe las responsabilidades del cargo que asumió con la hidalguía que lleva en la sangre y la normalidad de los actos nobles. Y con ello nos ha demostrado a todos sus
compañeros cómo los gestos simples se convierten, más allá del testimonio que representan, en
actos heroicos que mueven la voluntad de los demás. Y con profundo respeto y
admiración reconozco la extraordinaria lección de bravura que me ha dado, sin
ni siquiera alzar la voz, enfrentando una injusticia con gesto amable y
respetuoso. Con valentía.
Tiempo de Valientes…
martes, 8 de septiembre de 2015
EL YATE DEL GENERAL… POR UN PUÑADO DE DOLARES
Este domingo mi amigo Paco “el gallego” -el
señor Paco como le llama la feligresía local- me invitó a navegar en su velero
por las islas del Parque Mochima. Su
esposa Bárbara, una maracucha de armas tomar, su hija Rosario -una preciosa
muñeca híbrida hispano criolla-, su hermano José –un marino de los de antes,
tostado por el sol, de barba blanca y ojos melancólicos-, y un matrimonio
español recién llegado a la zona, éramos de la partida. No me olvido de “Rufo”
el beagle familiar.
Salimos no muy temprano, el sol lucía bien
alto y ardía inmisericorde allá arriba. Bárbara –quien habitualmente oficia de
timonel en las salidas dominicales- dio toda la máquina que pudo para recoger
brisa cuanto antes. En la bañera, incluso a la sombra del toldillo, hacía un
calor pegajoso que sólo se despejó cuando pusimos proa al norte y el soplo
fresco del Caribe nos entró como agua de mayo. El horizonte estaba jalonado de
mar y tierra a partes iguales en aquella dirección. Los buques tanque petroleros descansaban apaciblemente en la bahía al abrigo del morro y de La Borracha dormitando la mañana como si hubieran salido de juerga. Puerto La Cruz
aparecía envuelto en la neblina de primera hora y Lechería recogía el sol desde
la Playa Lido.
Estaba en la proa como suelo a la salida.
Sujeto a uno de los vientos del palo mayor,
respirando el aire fresco que me tomaba el rostro con sus dedos,
pensando en nada, como suelo… José se acercó pronto con la primera cerveza,
helada y protegida con un forro para dilatar su frescura. Las bebimos en
silencio, mirando hacia Puinare y oteando delfines que no aparecían en lontananza.
Atracamos en Dominguín, los Dominguez –Paco y
José- bautizaron así una playa aislada a la espalda del Saco en honor a su
padre, un gallego de noventa años tostado y vivaracho que cada año repite
experiencia caribeña-. Han hecho de una calita solitaria un lugar de solaz,
limpiando –sólo con sus manos y con la eventual ayuda de los amigos- la playa
de piedras y rocas, erigiendo un monolito piramidal de algo más de dos metros
de altura y cuatro de diámetro que se puede ver desde bien lejos cuando te aproximas.
El barco fondeó fuera de la zona de corales,
amarrado de popa a una cadena sumergida en el roqueo del fondo. Me puse el
protector solar y nadé hasta la orilla mientras los Dominguez limpiaban el
casco de caracolillo y escoria marina. Sólo en la playa todavía desierta -salvo
por las carreras del Beagle- pensaba en la historia que me ha trasladado Pintado
y en como contarla sin echarla a perder.
Pensaba en la extraordinaria pasión que le
veo por la Rusa, sin saber todavía si habrá la misma pasión de ella por mi –supongo
que ahora ya podré llamarlo así- amigo. Supongo que será pasión correspondida,
pero necesito saberlo antes de escribirle las escenas, la cosa cambia si no…
Mientras miraba sin ver el horizonte, veía
sin mirar como otras embarcaciones ocupaban la hasta entonces solitaria y
tranquila cala, las más de ellas ocupando con suficiencia los espacios vacío. A
fin de cuentas había mar suficiente para todas.
Poco me duró la reflexión a la sombra del tronco
que literalmente plantamos en la arena hace un par de años. La compañía en
pleno llegó y con ella las cervezas, las risas y las conversaciones de domingo…
Una hora después estábamos tostados y hambrientos, dejé a Pintado y la Rusa de
lado y volvimos al barco para darle cumplida cuenta a la tortilla y el
jamoncito ibérico que nos habíamos traído.
Y en eso andábamos, finiquitando la tortilla
y el tintorro, cuando la sombra de una nave mayestática –cómo si no defino el
casco de 56 pies de un yate último modelo- se adueñó del espacio a nuestro
alrededor y se acercó para abarloarse al yate más próximo a nosotros. Lo hizo
sin mirar los niños que jugaban en el agua a nuestro lado, sin respetar los
espacios de fondeo y amarre que el viento y la corriente dibujaban claramente
alrededor.
Saltamos indignados y proclamamos en voz alta
nuestra indignación por la maniobra. No sirvió de nada, el bordo del yate se
vino contra el nuestro con la contundencia del matón del barrio o del niño chuleta
que hace bulling en el colegio.
Un gordo de gafas negras y gorra roja de
jugador de ligas menores bajó del puente con la parsimonia de un embajador
plenipotenciario y mirándome con cara de lobo sanguinario me encaró: -Y esa “guevoná”
a qué viene –dijo-. Lo hizo con toda la violencia explícita y amenaza sin
contener del que se sabe el dueño del cotarro. -Mi general olvídelos. –escuché decir
a uno de los miembros de la clá que acompañaba al personaje. –No ve que son
unos “mieldas”…
Deseé estar solo y deseé que me hubiera
acompañado Pintado… Deseé no estar allí por un puñado de dólares…
jueves, 3 de septiembre de 2015
PODEMOS, CUANDO EL PLUMERO ES DIFÍCIL DE OCULTAR…
Hay muchas cosas discutibles en la vida,
interpretables y hasta negociables. Sin embargo no es el caso de la defensa de
la razón y de los derechos humanos.
Ayer, en votación celebrada en el Senado de
mi país, Podemos se abstuvo en una moción presentada por el PP en relación con la
liberación de los 75 presos y el respeto a los derechos humanos políticos en
Venezuela y que insta al Gobierno español a hacer «las gestiones oportunas»
ante el régimen de Caracas para la urgente liberación de dichos presos, varios
de los cuales aguardan a conocer hoy sus sentencias condenatorias.
Por poner las cosas en su sitio el portavoz
de Podemos, Ramón Espinar, primero quiso quedar bien dentro de lo políticamente
correcto y aseguró que «estamos de acuerdo con el espíritu de la moción
presentada por el Grupo Popular» y hasta se dirigió a la tribuna de invitados
para saludar y declarar su «respeto» a Mitzy Capriles -la esposa del alcalde de
Caracas, Antonio Ledezma, hoy en arresto domiciliario-. En el arranque de su
intervención, el senador llegó incluso a invocar su defensa de los derechos
humanos «en cualquier lugar», y a «condenar la resolución por vía judicial de
cualquier tipo de conflicto político».
No obstante, Espinar justificó la falta de
apoyo a la iniciativa en el «filibusterismo» de los populares. Según sus
palabras, «no es que al PP le haya dado de pronto un ataque de defensa de los
derechos humanos sino que desde hace tiempo lleva queriendo situar el tema de
Venezuela en la agenda pública para no hablar de los problemas de los españoles».
En la misma línea se pronunciaron IU, ERC,
Compromís y Amaiur, que no participaron en la votación. Cosas de la Izquierda
progresista, supongo, cuyos senadores estaban incorporándose de las vacaciones de
agosto, probablemente demasiado cansados para ejercer sus deberes democráticos.
Una más de Podemos, a la que se le ve el plumero… Espero que evidencias como esta, exponente claro del real cariz de la formación política, sirvan para disuadir al personal de nuevas aventuras...
viernes, 28 de agosto de 2015
DON’T GET ME WRONG
Pintado me la ha vuelto a jugar… Me pidió que
lo siguiera hasta Gante, pero no quiso encontrarse conmigo antes de su cita con
el venezolano. Sé que lo hace por mi seguridad, aunque eso no me satisface,
preferiría acompañarlo, incluso a la distancia como tantas veces, entre el
silencio anónimo de la muchedumbre que nos mimetiza, sin embargo esta vez lo
dejó muy claro con su tajante instrucción. Desde que puso sus ojos en ella ha
vuelto a ser el de siempre, el hombre de las largas ausencias y de los
silencios graves, el de frases lapidarias, el poeta de las ferias y el esteta
del arte rupestre. En definitiva quien conocí in hilo tempore, una persona que
no necesita prácticamente de nadie, aunque añora a todos.
No sé qué pensar de este nuevo y, sin embargo,
reiterado estado de gracia de mi amigo. La rusa se merece eso y más, yo mismo
no he podido sustraerme a su encanto. Todavía recuerdo el día que la
conocí…
Habíamos ido a un conocido restaurante de Caracas, uno que frecuentaba William Padrón, quizás su favorito, según nos había soplado la asistente de la oficina de su socio Diomedes Artigas, cómo obtuvimos la información es otra historia, la obtuvimos y punto. Ella estaba conversando con otra mujer, sentada a una mesa, parecía una pantera a punto de saltar sobre su presa. Cuando pasamos por su lado ni alzó la mirada, sin embargo Pintado se quedó clavado, atraído por su presencia, yo también me quedé mirándola, aunque consciente de dónde estábamos le tuve casi que empujar para que continuara hacia la mesa que el camarero nos había ubicado al fondo.
Habíamos ido a un conocido restaurante de Caracas, uno que frecuentaba William Padrón, quizás su favorito, según nos había soplado la asistente de la oficina de su socio Diomedes Artigas, cómo obtuvimos la información es otra historia, la obtuvimos y punto. Ella estaba conversando con otra mujer, sentada a una mesa, parecía una pantera a punto de saltar sobre su presa. Cuando pasamos por su lado ni alzó la mirada, sin embargo Pintado se quedó clavado, atraído por su presencia, yo también me quedé mirándola, aunque consciente de dónde estábamos le tuve casi que empujar para que continuara hacia la mesa que el camarero nos había ubicado al fondo.
La mesa del rincón dónde nos sentábamos era
pequeña y estaba coja, allá apenas
llegaba el fresco del aire acondicionado y una columna a nuestra espalda nos
impedía ponernos cómodos como hubiéramos querido, pero tenía un par de ventajas
importantes: una, desde esta posición observábamos a todo bicho viviente y dos, la observábamos a ella. No hizo falta que cruzáramos ni media palabra para
darnos cuenta que ambos estábamos fijándonos en ella. Quizás lo correcto sería
decir que sólo yo me había fijado en ella, porque Pintado se había quedado enganchado
desde el primer segundo que la vio. Yo lo conozco bien, aquella vez el anzuelo
se le había clavado bien dentro.
Ordenamos la comida, un ossobuco con pasta
para mí y un pescado grillé para Pintado. Lo mío nada del otro mundo, debo
confesar: al cocinero se le había ido la mano con la salsa y no había llegado
con la cocción de la carne, me arrepentí casi en el mismo momento de que pusieran el
plato por delante. La cara de Pintado me indicó que lo suyo no estaba mucho mejor.
El vino chileno que nos pusieron no ayudó a trasegar el condumio, era una pena, pero ni siquiera pagando era posible encontrar vinos aceptables. Comimos un par
de bocados y bebimos una copa, hacía calor y el sonido ambiente empezó a
elevarse conforme el restaurante se fue llenando. Ella había desaparecido hacía
rato por una puerta de un lateral, mi socio y yo nos miramos cuando la vimos pasar
sin mirarnos.
Llamé al camarero que nos había tocado en
suerte, Genaro ponía en la etiqueta que colgaba con más pena que gloria de su
chaquetilla, y le pregunté por ella. Es la Rusa, nos dijo, la dueña… Ah, respondimos
con aire de habernos enterado…
Media hora más tarde el vino se había
acabado, que fuera chileno y malo no quita para que nos lo ventiláramos, e
íbamos a retirarnos cuando apareció el venezolano en escena. El mismo William
Padrón que habíamos ido buscando aquel día, el mismo que Pintado sospechaba
estaba detrás de todo el desastre que poco a poco estábamos desvelando. El tipo
era de mediana estatura y no mal parecido, jodedor y pintón a partes iguales,
iba bien vestido para lo que es Caracas estos días y en su descargo hay que
reconocer que hizo entrada con una razonable dignidad, habida cuenta de que iba
acompañado de un par de espigados criollitos, de bíceps sobredimensionados a
punto de reventar las mangas de las camisas. Un camarero salió inmediatamente
en su búsqueda y tras saludarlo lo acompañó a la mejor mesa del local.
Pintado pidió un par de whiskys, también hielo
y soda en vasos aparte, hacía calor pero no era cuestión de bautizar todavía el
Golden label, nunca hasta la tercera copa, dice siempre mi socio. Nos
dispusimos a observar, no era día para abordar al venezolano, cada cosa a su tiempo…
Y ella salió de nuevo, tan de repente como
había desaparecido se hizo presente en el local. Esta vez la miré con más atención,
al entrar me había quedado prendado de su presencia, pero no había podido
entrar en detalles. Vestía con un sencillo vestido azul oscuro muy ajustado al
talle, con la falda medio palmo por encima de las rodillas, lo justo para imaginar
sus piernas, largas y torneadas. Miré por un segundo a Pintado, parecía
hechizado, conozco su mirada y sus gestos, esta vez no era él el depredador,
era la presa. Aunque ella caminaba en dirección a la mesa de Padrón, se volteó
un instante, sus ojos marrones se cruzaron con los míos, sin embargo supe que
sólo iban camino a encontrarse con los de Pintado. Él se quedó colgado en la pálida
blancura de su piel y en el movimiento a cámara lenta de su melena rubia.
Pintado apuró el primer vaso de whisky cuando
yo apenas había dado un par de tragos del mío. No me dijo nada. No hacía falta,
lo conozco como se de mí mismo se tratara. Estaba afectado, tanto que apenas
pude descifrar el balbuceo que salió de su boca al depositar sobre la mesa, de
un golpe seco, el vaso vacío. Le entendí algo así como: “¿Dónde hasta ahora se
había metido?...
Y yo supe en ese mismo momento que algo
irremediable había nacido entre Pintado y La Rusa… Don’t get me wrong
jueves, 20 de agosto de 2015
JUAN SEBASTIÁN BAR: LA FASE 1…
Pintado se revolvió inquieto en el taburete
de la barra del bar. Había pasado allí sentado algo menos de una hora, tiempo
suficiente para trasegar tres whiskys y estar apurando el fondo del cuarto.
Sentía la garganta y el esófago en carne viva, la bilis se mezclaba con el alcohol
en una combinación letal que amenazaba con agujerear su sistema digestivo si el
almax no lo remediaba. Volteó la cabeza con la esperanza de verla parecer, pero
lo único que alcanzó a divisar con el rabillo del ojo fue la silueta tenue de
un par de viejos ocupas de barra, conversando en voz baja, cerca del rincón que
daba a la entrada del local.
El Juan Sebastián Bar estaba desierto a esa
hora; la actuación estelar de la noche hacía tiempo que había acabado y el
local se había ido quedando vacío poco a poco, desangrándose sin ganas. Los camareros esperaban
esparcidos por el local la hora de cierre, sabedores de que entre semana y a
esa hora era imposible que entrara nadie. Lejos quedaban los tiempos en que, en Caracas, la rumba no terminaba hasta que el amanecer pintaba de carmesí y amarillo el cielo en el que se diluían las
pequeñas chispas de las estrellas. Ahora, tan pronto cerraban los comercios y
las oficinas, las avenidas del Rosal se vaciaban de gente, tan rápido como lo
permitía la tranca vespertina de la Fajardo. Hacía horas de eso.
Alguien decidió animar el cotarro y puso una
pieza, de salsa suave, que se escuchaba lo suficientemente bajo como para que
Pintado se girara cuando creyó escuchar el ruido de la puerta de la entrada, al
abrirse. La precedió su aroma, un perfume delicado que él conocía ya en sueños.
El ruido del vaso, contra la encimera, le devolvió a la realidad y sus pies tantearon
el suelo como los de un buzo al sumergirse y tocar fondo. Una pareja, que se
escondía en una de las mesas de la parte más escondida del local, salió a la pista a bailar y pasó por
delante suyo, el tiempo suficiente para impedirle seguir con la mirada a la mujer que estaba esperando. El tipo se parecía a Antonio Machín pero más chiquito, y agarraba a la mujer, como veinte años menos que él y guapa como la madre que la
parió, con la pericia de un bailarín profesional.
Pintado rastreó con la mirada buscando el
objeto de su espera: la dueña del aroma errante que lo había hipnotizado al
entrar. Ella casi no se había movido de la puerta, apenas lo suficiente para
que esta se cerrara, Pintado se dio cuenta que ella lo miraba con la seguridad de un tigre acechando a su
presa.
Cuando estuvo segura de que el hombre la
había visto se dirigió hacia él con parsimonia atrayendo con su andar todas las
miradas masculinas del local, pocas pero muy interesadas. Pintado se apartó de la barra y fue a su
encuentro no sabría decir si en un intento inconsciente de protegerla o de
dejar patente que aquella noche aquella mujer era suya en exclusiva.
La rusa casi ni lo miró, lo mínimo para
orientar su trayectoria. Ella guapa y rubia, con un rostro de trazos finos
y delimitados, barbilla y nariz exquisita en su cara ovalada, rasgos que
parecían eslavos, de ahí su nombre de guerra, aunque sus ojos marrones sugerían
un origen más meridional. Las piernas largas y torneadas tenían el color dorado
del dulce de leche y hacían imaginar un tacto suave y aterciopelada, el vestido
negro con dos franjas blanca a la altura de las caderas y del busto se ajustaba
a su cuerpo como si fuera de licra, aunque caía con la suavidad de
la seda, delineando sus contornos con la precisión de una impresora 3D.
Pintado salivó y sintió un nudo allá en las entrañas antes de que reaccionara su entrepierna como una onda en el agua de un estanque.
Pintado salivó y sintió un nudo allá en las entrañas antes de que reaccionara su entrepierna como una onda en el agua de un estanque.
Se aproximaron sin avisar, como lo hacen dos trenes
frenando al límite, como esos muñequitos con imán en la boca cuando se sitúan a
la distancia adecuada… Se tomaron de las manos en gesto de saludo y ella apartó
la cara justo en el momento en que Pintado acercaba su boca en un torpe intento
de besar la suya.
-Fase 1. –Pensó Pintado. -La maldita
fase 1…
NOTA: Cualquier parecido entre Rita Pavone y la Rusa es un desorden de la naturaleza...
domingo, 16 de agosto de 2015
PODEMOS, LAS COLAS EN CARACAS Y EL SEÑOR IGLESIAS: EL PASTOR DE LA COLETA.
Estaba
leyendo la prensa esta mañana como cada día al despertar. Es curioso cómo te
aferras a tu país cuando estás fuera de él, como añoras esas cosas que en lo
cotidiano hastían y en la distancia añoras, cosas de la sique… Y leí que Pablo
Iglesias, el de la coleta y líder de Podemos, estaba veraneando en una cabaña
ecológica en Avila… Y me arreché que dicen acá.
Estoy pasando
un par de días en Caracas mientras espero la salida del vuelo de Iberia a
Madrid, vuelo que ahora se hace con una frecuencia de tres vuelos semanales, espera
obligada por las dificultades para encontrar un pasaje aéreo entre la ciudad
del Oriente donde vivo y la capital venezolana.
Viajé
el viernes de mañana y trabajé en la oficina que mi Compañía tiene en La
Castellana, cerca de Altamira, en uno de los lugares más exclusivos de la
capital. Desde los ventanales del piso trece hay una vista impresionante del
Avila y de los bulevares cercanos flanqueados de una vegetación verde y
frondosa. Desde allí pude ver al menos tres colas diferentes de pacientes
venezolanos a la caza de cualquier alimento básico subsidiado bajo la etiqueta
de precio justo. Colas multicolores, rebosantes de vida y humildad, serpenteantes,
kilométricas, formadas en su mayoría por jóvenes desempleados, madres
desesperadas, funcionarios y funcionarias escapados y escapadas de sus puestos
en los bancos o en cualquiera de las sedes de los ministerios bolivarianos y
del poder popular y sobre todo por venezolanos de la tercera edad que han
tomado sobre sus hombros la responsabilidad de llevar a sus hogares una bolsa
de harina pan, una caja de leche o una bolsa de detergente, ni hablar de pañales
o compresas higiénicas. Y también por bachaqueros –estraperlistas de baja
estofa- acopiando para la reventa abusiva.
Y me
imaginé al de la coleta haciendo cola con este maravilloso pueblo exhortándoles
a disfrutar del Paraíso…
No
quiero a mi madre que ya paso de los ochenta, ni a mis hijos que son jóvenes y
todavía desempleados, o a mi vecino Carlos al que quiero mucho, tiene mi edad y
está desempleado temporalmente, en una cola dando la vuelta a la manzana de
cualquier calle de España. Yo mismo no quiero convertirme en bachaquero.
Don Pablo,
señor Iglesias, acepte un puesto en cualquier cola de Caracas, de Maturín, de
Puerto La Cruz, de Maracaibo, Valencia, San Cristobal, Mérida o de Lechería y
predíqueles mientras la importancia de los virus sociales, los mismos que su
partido de sainete traspone en España a los desencantados y desencantadas sin
criterio a los y las que pastorea en los secos pastos de nuestra vieja tierra peninsular.
sábado, 15 de agosto de 2015
LA BALANZA DEL PECADOR
Han pasado más de dos años desde la última vez que incursioné en este recóndito baúl de sentimientos. Lo hago sin mucho que decir, pero no con tan poco de contar…
Ayer me visitó de nuevo Pintado y me entregó un sobre. Era por la tarde y yo lo estaba esperando en la cafetería del JW Marriott de Caracas donde me había citado la mañana anterior. El salón estaba semivacío y las pocas mesas que estaban ocupadas parecían sacadas de una escena de una de esas películas yanquis en las que un agente de la CIA se encuentra con su contacto en tierra enemiga. Los pocos focos que no estaban tuertos vertían una luz fría que salía de las hélices de las horrorosas bombillas de bajo consumo, enroscadas como lombrices en los casquillos de latón, y apenas servía para iluminar la inmensidad desolada del recinto.
Solo la contemplación de la belleza de las elegantes líneas de un viejo piano de cola servía para atenuar la sensación de melancolía que me invadió durante la espera.
Apenas noté su presencia. Pintado arrojó el sobre sobre la mesa y llamó al mozo con un gesto de la mano. Lo miré intentando descifrar en su rostro el rastro del tiempo pasado. Me devolvió la mirada en silencio, con un rictus que apenas era una sonrisa esbozada. Supe que nada había cambiado y que era el tipo de los eternos conflictos sin solución.
Pidió un whisky, se conformó con un etiqueta negra. Yo le acompañé. No está Venezuela para muchas exigencias estos días. Bebimos en silencio, como casi siempre. La primera copa cuando nos encontramos, sin decir palabra, es un rito entre él y yo. Se fijó en la cubierta del libro que yo tenía sobre la mesa: “El azar de la mujer rubia” de Manuel Vincent-, y dijo entre dientes algo así como: –vaya coincidencia, no te jode¡¡¡ que no entendí.
Apuró el último trago del vaso, de un golpe, sin retener el líquido ambarino en la boca, chasqueó la lengua y me miró con suspense, manejando los tiempos como el consumado histrión que es. Sus ojos brillaban divertidos, el mentón apuntó a mi rostro esperando la pregunta de rigor que no le hice. Ya nos conocemos y sabemos el tempo del ritual.
Golpeó el sobre con un dedo y me dijo: -La tercera, chupatintas. “la balanza del pecador”. A ver qué haces con ella…
Acto seguido se levantó y me dejó mirando el sobre mientras él hacía mutis por el foro. Toqué a bulto y le calculé algo así como doscientas hojas, casi media resma de folios. Alcé la mirada con apenas tiempo para verle dejar el lobby del hotel agarrado de la mano de una mujer rubia y esbelta, de piernas esculturales y figura divina que le siguió dando saltitos…
domingo, 27 de enero de 2013
PUERTO PIRITU
Una playa abierta de
aguas marrones y un horizonte que se pierde cuando la línea de agua se une con
el cielo. Calles estrechas y largas, fachadas coloniales sencillas, de vivos
colores y adornos a la andaluza, portones amplios de madera y rejas en las
ventanas. Palmeras y cielo.
Dejar de lado la parte
moderna y centrarse en el antiguo núcleo urbano cerca de Plaza Bolívar y la Laguna
y quizás una escapada a Las Isletas. Llevar protector solar y gorra, apenas hay
donde guarecerse del sol que cae a plomo desde las siete de la mañana a cinco
de la tarde…
No es un destino turístico,
si acaso un lugar en el que desaparecer…
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