No es que me sienta particularmente trascendente estos días, más bien al contrario, pero como me embarga la misma angustia metafísica que al resto de mis compatriotas españoles cada mañana me asaltan extraños pensamientos, en forma de preguntas de difícil respuesta. Aunque procuro no hacer caso del enano mental que gobierna mi espíritu, de vez en cuando este consigue lanzar un dardo envenenado al centro de mi máquina de entender. La pregunta de la cabecera ha sido la herida de esta mañana.
Llegué temprano al sarao donde ahora me encuentro, el primero como suele ocurrir. Esperé por los demás, un variado grupo de personas de diversos orígenes –multiétnico como se dice ahora-, a saber: un sueco, una alemana, una rusa, un francés, una turca, un italiano y un brasilero. Esta mañana se han incorporado al variopinto grupo un suizo y tres japoneses, y afortunadamente se ha ido el italiano, dura competencia siempre. A media mañana el brasilero, también gracias a Dios, ha sido sustituido por una argentina.
Con semejante popurrí, cada uno seres de su padre y madre, es un suponer, no es de extrañar que debiéramos ser capaces de exponer con riqueza y diversidad prácticamente la totalidad de las miserias humanas. Pues bien en realidad no ha sido así. La globalización ha conseguido que, desde los hijos de Koji Kabuto, hasta los admiradores de Sartre y la Merkel nos hallamos puesto de acuerdo para, cada mañana, parecer todos y cada uno de nosotros similares productos de la Crisis con C que gobierna el mundo. Peces en una pecera vacía. Velas sin cabo. Libros sin hojas.
Sólo somos capaces de relatar penurias y penas. Ninguna solución a la vista, ninguna propuesta sobre la mesa. Eso sí, la argentina, de Tucumán ella y de nombre Jacinta, se sentía muy satisfecha de que en su país por fin se estaba haciendo política Made in Argentina con recetas propias, todo un orgullo nacional, sí señor.
He pedido la baja del grupo por incompetencia reconocida… ahora que no tenemos a Rodriguez Zapatero en activo no puedo disputar a la hora de presumir de políticos con talla internacional, quizás el caso de Jacinta que se puede sentir orgullosa de su Cristina Fernandez, apodada la Dama de Litio…
Respuesta: Personas como Jacinta, y como yo también, decidimos quienes nos gobiernan. Quienes nos gobiernan deciden nuestros destinos, cuando les dejan sus mayores. Sus mayores les dejan cuando aquellos demuestran su absoluta incompetencia y alienación con las consignas. Y esto sucede cuando personas como Jacinta y yo no tenemos criterios mejores que dejarnos vencer por la inexorable contemplación del abismo que nos recibe…
Igual me está afectando el régimen alimenticio en la blanca Albión…
Jose, yo creo que era Koji KABUTO. ¡Es que no te fijas...!
ResponderEliminarEl primo Juanma