A pesar de que la película se parece a la novela (James Fenimore Cooper), lo que un huevo a una castaña, la adaptación cinematográfica de Michael Mann resulta una obra maestra del género de aventuras.
Por otras entradas, podrá colegir el lector mi aprecio por este tipo de cine, hábil mezcla de acción y folletín decimonónico, así como mi preferencia por esa tipo de actores a los que pertenece Daniel Day-Lewis en los que el lenguaje corporal es fundamental en su aporte a las dotes interpretativas. Y no se equivoca, resultando ser esta película una de las joyas que atesoro en mi filmoteca y una de las que más disfruto cada vez que la reveo.
Imperdibles, en mi opinión, dos escenas: por un lado el Ataque de los Hurones y por el otro la escena final. Es posible que alguno opine que en ambas la violencia domina sobre cualquier otra cosa. Es posible que sea así. Sin embargo, en ambas, la planificación de cada movimiento, el ritmo de la persecución y la concatenación de imágenes, logran introducirte en la acción más allá de la perspectiva de un testigo.
La interpretación de Daniel Day-Lewis se forja en una preparación exhaustiva previa al rodaje que le llevó a transformar su físico e incorporar muchas de las habilidades que demuestra en la película. Convence. Detrás de cada gesto, antes que de las palabras, se adivina mucho más que la pose de actor.
De paso, y por encima de otros papeles, no perderse La Edad de la Inocencia -Dirigida por Martin Scorsese, donde es secundado por una extraordinaria Michelle Pfeiffer- y atrevanse con la inquietante Pozos de Ambición (There will be blood) -una terrible historia sobre la corrupción del Poder alrededor del mundo del Petróleo-.
De paso, y por encima de otros papeles, no perderse La Edad de la Inocencia -Dirigida por Martin Scorsese, donde es secundado por una extraordinaria Michelle Pfeiffer- y atrevanse con la inquietante Pozos de Ambición (There will be blood) -una terrible historia sobre la corrupción del Poder alrededor del mundo del Petróleo-.
La recomiendo...
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